Raúl, paciente varón, con 15 años en la fecha
de inicio de la intervención. Cursa 1º de E.S.O. en un Instituto de Educación Secundaria.
Es el segundo de 4 hermanos, cuyas edades son 17, 15, 12 y 7 años,
respectivamente.
El paciente pertenece a una familia de
un nivel sociocultural/económico medio. Su padre es mecánico y su madre
dependienta. Son originarios del lugar en el que residen, nunca han cambiado su
localidad de residencia. La madre es la persona con la que se ha mantenido el
contacto durante el proceso terapéutico. Se trata de una persona colaboradora,
muy preocupada por su hijo y dispuesta a hacer todo lo posible por mejorar la
situación.
El sujeto cuenta con una capacidad
intelectual limitada, con serias dificultades para relacionarse. Reacciona
negativamente ante los refuerzos que se le proporcionan en público y con
frustración ante los fracasos. Habitualmente no presenta una mala conducta,
pero en ocasiones es capaz de explotar si alguien se mete con él o si él cree
que lo hacen. Raúl tiene una relación especial con su hermano de 12 años.
Cuando sale, es con éste y con su grupo de amigos con quienes lo hace.
ANÁLISIS
DEL MOTIVO DE LA INTERVENCIÓN
El sujeto presenta conductas de agresividad
extrema contra sus compañeros de clase. La frecuencia de dichas conductas es
variable, aunque no ha habido períodos superiores a un mes sin su aparición,
habiéndose incrementado significativamente en los meses previos a la
intervención. Durante los 4 primeros meses del curso presentó episodios violentos
en, al menos, 5 ocasiones. La intensidad de las conductas es siempre bastante
fuerte y su duración es de aproximadamente 10 minutos en sus momentos más
violentos.
Pese a que el centro académico realizó
distintas actuaciones con el fin de reconducir la situación, éstas no tuvieron
éxito. Al contrario, la conducta problema empeoró, mostrándose incluso más
violento y amenazando de muerte a sus compañeros. Raúl no muestra culpabilidad
tras sus conductas. No parece consciente de que éstas no son adecuadas ni
desproporcionadas. Según verbaliza, “es lo que se merecen”. Su respuesta
no es inmediata a una provocación. Está un buen rato rumiando lo que le han hecho
y lo que él va a hacer y, cuando le parece más oportuno, arremete contra el
compañero en cuestión. El paciente está siempre a la defensiva y ve enemigos en
todas las personas. Se imagina o presupone lo que están pensando los demás. Cuando
cree que algún compañero se mete, o quiere meterse con él, reacciona con mucha
agresividad.
HISTORIA
DEL PROBLEMA
El paciente tuvo problemas al nacer, con
sufrimiento fetal. Empezó a andar a los 18 meses y a esa misma edad empezó a
hablar. Raúl es 2 años mayor que su hermano, el tercer hijo del matrimonio. Su
madre cuenta que cuando éste era pequeño, sus primos se lo llevaban a su casa y
a Raúl siempre se lo dejaban. Esto ocurría día tras día, hasta el punto que a
veces le cerraban la puerta para que no pudiese ir con ellos. Al salir de la
guardería, Raúl solía permanecer solo con su abuelo. Según nos cuenta su madre,
los problemas de Raúl empezaron a los 7 años, concretamente indica la fecha del
16 de enero de 2001, día en que sufrió una parálisis facial severa, que le dejó
el ojo derecho completamente abierto y la boca torcida. A raíz de esta
afección, el niño empieza a presentar problemas, tanto adaptativos como de aprendizaje.
En el mes de marzo de ese mismo año, araña la cara a una niña, de la cual era
muy buen amigo hasta entonces. Tras varias semanas, la madre se entera, a través
de su hijo menor, de que los niños se burlan del paciente. Esto hace que los
padres empiecen a buscar ayuda:
·
Acudieron
a la Unidad de Salud Mental de Castellón, a cuyo tratamiento psicológico el
paciente no respondía, porque “se encerraba en sí mismo, pues no confiaba en
nadie”, según manifiesta la madre.
·
Acudían
mensualmente al Hospital Provincial de Castellón, donde se le realizaron numerosas
pruebas y un TAC en el que se apreció una “pequeña obturación de una vena
que riega el cerebro”. Cabe destacar que desde esta prueba, realizada en el
año 2001, no se le ha realizado ninguna otra prueba neurológica.
·
Acudieron
a un osteópata que le realizaba masajes en la cabeza.
A medida que pasaba el tiempo, su
conducta en el colegio iba a peor. También su rendimiento escolar se vio
afectado y tuvo que repetir curso. Un día, en clase, insultó a unas niñas y
tiró todas las mesas y las sillas del aula. Avisada la madre, se presentó en el
colegio y vio cómo había quedado la clase, regañó a su hijo delante de todos
sus compañeros y le pidió que le ayudara a recogerlo todo. Él obedeció y se
avergonzó de lo que había hecho, según cuenta su madre. Tras este episodio, el
paciente fue expulsado del centro durante 3 días, lo que provocó que acudiera a
disgusto al colegio y que su comportamiento fuera cada vez peor.
La evolución de la conducta de Raúl
llevó a sus padres a acudir a la Unidad de Salud Mental de Vinaròs, donde
recibió atención psicológica y donde le fue prescrito “Risperdal”, medicación
que estuvo tomando durante 3 años. Dicha medicación hacía que estuviera
tranquilo en clase, pero le adormecía y le mantenía ausente. Ya no pegaba a nadie,
pero no seguía el ritmo de la clase ni avanzaba a nivel socio-afectivo. “Mientras
esté tranquilo…”, afirma la madre que le decían en el colegio.
Sus padres decidieron entonces llevarle
a Instituto Médico del Desarrollo Infantil de Barcelona, donde fue atendido
durante 5 años, y hasta dos meses antes del inicio de la intervención del SAPE.
También en Barcelona, estuvo asistiendo a la consulta de un médico homeópata.
La madre valora positivamente la intervención llevada a cabo en Barcelona; dice
que evolucionó bien, pero que el chico “está resentido por el pasado
y no puede controlar sus impulsos ante las provocaciones”.
Durante los meses anteriores a la
derivación al SAPE, va aumentando la agresividad y la disruptividad en las
conductas de Raúl. Insulta a sus compañeros, raya la mochila de uno de ellos,
no obedece a las órdenes de sus profesores, raya la pared del aula, cruza todo
el patio del Instituto para acercarse a un grupo de alumnos y les dice que un
día les matará...
Los profesores de Raúl coinciden en que durante
las clases verbaliza para sí mismo con mucha frecuencia. No tolera trabajar en
pareja ni en grupo con sus compañeros, ni leer en voz alta, ni compartir su
libro con ningún compañero.
En el transcurso de una clase, Raúl
indicó gestualmente a un compañero del otro lado del aula que le iba a pegar.
La profesora se da cuenta, les insta a dejar el tema y pide a toda la clase que
preste atención a la pizarra. Dicha profesora no aprecia que en ningún momento
nadie se haya metido con Raúl. Él parece tranquilo en su sitio, pero está
hablando bajito consigo mismo (rumiando algo). Al cabo de un rato, se levanta y
se dirige hacia un chico y le tira al suelo, cayéndole la mesa encima.
Seguidamente se dirige hacia otro compañero y le tira la mesa, le coge las
hojas de la carpeta y se las rompe. Está totalmente fuera de sí y sigue tirando
mesas y sillas. Tras controlar la situación provocada en el aula, la
psicopedagoga del centro permanece junto a él y observa cómo sigue hablando
para sí mismo; no para de decir: “siempre igual, siempre igual…”.
Al plantearle el daño que hubiese podido causar a sus compañeros, él responde: “Mejor,
una pierna rota, es lo que se merecen”. El profesor de la clase anterior
afirma que Raúl se había comportado perfectamente y había participado sin ningún
problema. Más tarde, tras el menciona do episodio, le volvió a ver y le saludó con
absoluta normalidad, como si nada hubiese pasado.
Dos semanas más tarde, en el transcurso
de un examen, empieza a mostrarse inquieto, a doblar su examen y hacer tachones
en él, a sacar apuntes de su mochila, sin hacer caso a las indicaciones del
profesor. Seguidamente, aumenta la agresividad de su conducta, gritando “¿quién
me ha llamado tonto?”, intentando pegar a un compañero, rompiéndole
el examen a una alumna y lanzando una mesa a otra compañera. Tras esto, continúa
gritando y moviéndose por toda el aula y dirigiéndose al profesor en un tono
irrespetuoso y agresivo, hasta que finalmente sale de la clase gritando.
Dos días después, tras finalizar una
clase que había transcurrido sin incidentes, y mientras todos los alumnos
recogían, se encaró a un compañero y le propinó arañazos en la cara, el cuello
y el pecho y golpes en la cara, sin motivo aparente. Mientras la profesora y
otros alumnos intentaban separarles, Raúl estaba completamente descontrolado y
gritaba “vuelve a llamarme imbécil”. Tras tranquilizarle, la
psicopedagoga le preguntó por el motivo de esa reacción, a lo que respondió que
el compañero “me ha mirado mal y quería insultarme, pero finalmente se
ha callado”. Al mismo tiempo que hablaba con la psicopedagoga,
insultaba a todos los que había en el aula.
Pocos días después del comienzo de un
nuevo trimestre, un profesor acompaña a Raúl al Departamento de
Orientación del Instituto. Afirma que nunca le había visto tan
violento: le había encontrado totalmente descontrolado, dando fuertes
patadas a un compañero que estaba en el suelo, llorando. Raúl entró
en el despacho verbalizando para sí mismo, sin parar: “Siempre igual.
¿Por qué me tenía que decir que soy tonto? Estoy harto. Luego lloran. Todos son
iguales. Todos muertos. Una bomba, ¡eso tendría que tirar!”. Mientras la
psicopedagoga le tranquilizaba e intentaba hacerle reflexionar,
él seguía rumiando lo mismo, una y otra vez, hasta que decidió marcharse,
dejando con la palabra en la boca a la psicopedagoga.
Desde el Instituto destacan que habitualmente
el paciente no presenta una mala conducta. Tiene una capacidad
intelectual borderline, pero se esfuerza por trabajar y por hacer
los deberes en aquellas asignaturas en las que se encuentra a gusto,
aunque deja de lado aquellas que le parecen inaccesibles y reacciona
con frustración ante los fracasos.
DIAGNÓSTICO
En función de la sintomatología
presentada por el paciente, se establece la hipótesis diagnóstica
de “Trastorno explosivo intermitente” F63.8 (312.34), según la
clasificación del Manual diagnóstico y estadístico de los
trastornos mentales (DSM-IV-TR) de la American Psychiatric Asssociation
(APA).
Previamente al inicio de la intervención
terapéutica, el diagnóstico es realizado por el Departamento de Psicología
Básica, Clínica y Psicobiología de la Universidad Jaume I de Castellón,
según los protocolos pautados para el SAPE, por lo que no se utilizan
nuevos mecanismos de evaluación.
En el caso que nos ocupa, es conveniente
realizar un diagnóstico diferencial con “Trastorno negativista
desafiante” F91.3 (313.81), según la clasificación del DSMIV-TR, ya que
están presentes algunos comportamientos que podrían llegar a cumplir
los criterios para ese cuadro. Concretamente, a menudo es colérico,
resentido, rencoroso y vengativo.
Sin embargo, no suele discutir con
adultos, no les desafía activamente, no suele rehusar cumplir sus
demandas, ni molesta deliberadamente a otras personas. Tampoco suele
ser molestado por los demás, sino que es él quien lo imagina o
presupone.
Se opta por la hipótesis de “Trastorno
explosivo intermitente” por la presencia de varios episodios
aislados de dificultad para controlar los impulsos agresivos, que dieron
lugar a violencia o a destrucción de la propiedad, y por el grado de
agresividad de los episodios, claramente desproporcionado a la
intensidad de los estresores precipitantes.
OBJETIVOS
TERAPÉUTICOS
·
Eliminar
las conductas violentas y disruptivas.
·
Eliminar
las verbalizaciones en voz baja y modificar los pensamientos suspicaces hacia sus
compañeros.
·
Mejorar
las relaciones sociales y la adaptación del paciente a su grupo de clase.
SELECCIÓN
DE LOS TRATAMIENTOS MÁS ADECUADOS
El tratamiento de elección ha sido una
terapia de orientación cognitivo-conductual con los siguientes
componentes:
·
Psicoeducación
·
Entrenamiento
en el control de la ira
·
Entrenamiento
en autoestima
·
Técnicas
de respiración
·
Reestructuración
cognitiva
·
Entrenamiento
en solución de problemas
·
Entrenamiento
en habilidades sociales
·
Entrenamiento
en empatía
·
Prevención
de recaídas
PROCESO
DE INTERVENCIÓN CLÍNICA
Se programaron 10 sesiones para
desarrollar el protocolo de tratamiento establecido. Las 6 primeras
se realizarían con una frecuencia de 2 sesiones por semana y las 4 últimas
con periodicidad semanal.
El procedimiento seguido consistió
básicamente en explicar al paciente cada una de las técnicas.
Tras revisar las tareas para casa, se explicaba cada una de ellas,
asegurándonos de que comprendía bien todas las indicaciones y buscando
captar su interés. Posteriormente se pasaba a poner ejemplos y a
ponerlas en práctica.
A partir de la 5ª sesión se intentó
principalmente que el paciente analizara sus avances y que comprendiera que
éstos eran debidos a su interés y a su capacidad para luchar y mejorar,
facilitando una atribución interna del progreso. A medida que avanzaban las sesiones
se intentó que aumentara la aportación de Raúl al diálogo y la solución de situaciones
prácticas que se le planteaban.
Una vez desarrolladas las 10 sesiones
previstas, y habiendo aplicado todas las técnicas y entrenamientos programados,
dada la ausencia de conductas violentas y disruptivas, y encontrándonos en la
segunda quincena del mes de mayo, se consideró oportuna la ampliación del
tratamiento hasta el final del curso, con el objetivo de que el paciente terminase
el mismo con sentimiento de éxito en su esfuerzo por la superación de su
problemática. Por ello, se realizaron 5 sesiones adicionales que, con el
denominador común de la reestructuración cognitiva, se dedicaron, respectivamente,
al entrenamiento en empatía, entrenamiento en habilidades sociales,
entrenamiento en autoestima, prevención de recaídas y revisión de todas las
técnicas aprendidas.
EVALUACIÓN
DE LA EFECTIVIDAD DEL TRATAMIENTO
Tras la finalización del proceso terapéutico
se mantuvo una reunión con la psicopedagoga del Instituto, la cual había
recogido una serie de cuestionarios respondidos por los profesores del
paciente. La información recogida indicó que Raúl no había protagonizado ningún
incidente desde el inicio del tratamiento y, si bien su disposición en clase
todavía no podía considerarse satisfactoria, ésta había mejorado de forma notable,
así como su interés y rendimiento en determinadas asignaturas, aunque no en aquellas
que él consideraba que no podía llegar a superar.
El balance del tratamiento se valora
como muy positivo, por la buena actitud del sujeto, por la ausencia de
explosividad durante el desarrollo de la terapia, por la eliminación de las
verbalizaciones en voz baja y por el control de los pensamientos suspicaces hacia
los compañeros. Todavía es muy mejorable el nivel de integración y
participación del paciente en el grupo.
SEGUIMIENTO
Pese a que se recomendó a la familia que
proporcionara a Raúl un seguimiento del tratamiento por algún profesional que
dominara las técnicas aprendidas por el paciente, así como la realización de
pruebas médicas que verificaran la situación actual del vaso cerebral cuya
obturación fue detectada cuando contaba con 7 años de edad y que posteriormente
no se había vuelto a evaluar, un año después de la finalización del tratamiento
la familia no había realizado ninguna acción encaminada a satisfacer ninguna de
ambas recomendaciones.
A pesar de ello, un año después de la
finalización del proceso terapéutico, y según el seguimiento realizado a través
de entrevistas con la madre, con la psicopedagoga del Instituto y con el propio
paciente, continuaba la ausencia de conductas disruptivas y de conflictos con
los compañeros de clase. Así mismo, continuaba siendo insuficiente su nivel de
integración y participación.
INFORME DEL CASO
CASO
II
HISTORIAL
CLÍNICO
El sujeto presenta conductas de agresividad
extrema contra sus compañeros de clase. La frecuencia de dichas conductas es
variable, aunque no ha habido períodos superiores a un mes sin su aparición,
habiéndose incrementado significativamente en los meses previos a la
intervención. Durante los 4 primeros meses del curso presentó episodios violentos
en, al menos, 5 ocasiones. La intensidad de las conductas es siempre bastante
fuerte y su duración es de aproximadamente 10 minutos en sus momentos más
violentos.
Pese a que el centro académico realizó
distintas actuaciones con el fin de reconducir la situación, éstas no tuvieron
éxito. Al contrario, la conducta problema empeoró, mostrándose incluso más
violento y amenazando de muerte a sus compañeros. Raúl no muestra culpabilidad
tras sus conductas. No parece consciente de que éstas no son adecuadas ni
desproporcionadas. Según verbaliza, “es lo que se merecen”. Su respuesta
no es inmediata a una provocación. Está un buen rato rumiando lo que le han hecho
y lo que él va a hacer y, cuando le parece más oportuno, arremete contra el
compañero en cuestión. El paciente está siempre a la defensiva y ve enemigos en
todas las personas. Se imagina o presupone lo que están pensando los demás. Cuando
cree que algún compañero se mete, o quiere meterse con él, reacciona con mucha
agresividad.
DIAGNÓSTICO
En función de la sintomatología
presentada por el paciente, se establece la hipótesis diagnóstica
de “Trastorno explosivo intermitente” F63.8 (312.34), según la
clasificación del Manual diagnóstico y estadístico de los
trastornos mentales (DSM-IV-TR) de la American Psychiatric Asssociation
(APA).
DIAGNÓSTICO
DIFERENCIAL
En el caso que nos ocupa, es conveniente
realizar un diagnóstico diferencial con “Trastorno negativista
desafiante” F91.3 (313.81), según la clasificación del DSMIV-TR, ya que
están presentes algunos comportamientos que podrían llegar a cumplir
los criterios para ese cuadro. Concretamente, a menudo es colérico,
resentido, rencoroso y vengativo.
Sin embargo, no suele discutir con
adultos, no les desafía activamente, no suele rehusar cumplir sus
demandas, ni molesta deliberadamente a otras personas. Tampoco suele
ser molestado por los demás, sino que es él quien lo imagina o
presupone.
Se opta por la hipótesis de “Trastorno
explosivo intermitente” por la presencia de varios episodios
aislados de dificultad para controlar los impulsos agresivos, que dieron
lugar a violencia o a destrucción de la propiedad, y por el grado de
agresividad de los episodios, claramente desproporcionado a la
intensidad de los estresores precipitantes.
EVALUACIÓN
Tras la finalización del proceso terapéutico
se mantuvo una reunión con la psicopedagoga del Instituto, la cual había
recogido una serie de cuestionarios respondidos por los profesores del
paciente. La información recogida indicó que Raúl no había protagonizado ningún
incidente desde el inicio del tratamiento y, si bien su disposición en clase
todavía no podía considerarse satisfactoria, ésta había mejorado de forma notable,
así como su interés y rendimiento en determinadas asignaturas, aunque no en aquellas
que él consideraba que no podía llegar a superar.
El balance del tratamiento se valora
como muy positivo, por la buena actitud del sujeto, por la ausencia de
explosividad durante el desarrollo de la terapia, por la eliminación de las
verbalizaciones en voz baja y por el control de los pensamientos suspicaces hacia
los compañeros. Todavía es muy mejorable el nivel de integración y
participación del paciente en el grupo.
TRATAMIENTO
SELECCIONADO
El tratamiento de elección ha sido una
terapia de orientación cognitivo-conductual con los siguientes
componentes:
·
Psicoeducación
·
Entrenamiento
en el control de la ira
·
Entrenamiento
en autoestima
·
Técnicas
de respiración
·
Reestructuración
cognitiva
·
Entrenamiento
en solución de problemas
·
Entrenamiento
en habilidades sociales
·
Entrenamiento
en empatía
·
Prevención
de recaídas
EVOLUCIÓN
DEL TRASTORNO
Pese a que se recomendó a la familia que
proporcionara a Raúl un seguimiento del tratamiento por algún profesional que
dominara las técnicas aprendidas por el paciente, así como la realización de
pruebas médicas que verificaran la situación actual del vaso cerebral cuya
obturación fue detectada cuando contaba con 7 años de edad y que posteriormente
no se había vuelto a evaluar, un año después de la finalización del tratamiento
la familia no había realizado ninguna acción encaminada a satisfacer ninguna de
ambas recomendaciones.
A pesar de ello, un año después de la
finalización del proceso terapéutico, y según el seguimiento realizado a través
de entrevistas con la madre, con la psicopedagoga del Instituto y con el propio
paciente, continuaba la ausencia de conductas disruptivas y de conflictos con
los compañeros de clase. Así mismo, continuaba siendo insuficiente su nivel de
integración y participación.
PROTOCOLO DE TRATAMIENTO
SE
PLANTEAN LOS SIGUIENTES OBJETIVOS:
1.
Con
el niño: Modificar el comportamiento agresivo por medio del aprendizaje de
nuevos repertorios que sean incompatibles con la agresión, tales como conductas
prosociales, habilidades de comunicación, autocontrol y expresión de
sentimientos. El entrenamiento en habilidades de solución de problemas es
también útil para que el niño aprenda nuevas formas de resolver adecuadamente situaciones
generadoras de tensión y, posiblemente, desencadenantes de agresión.
2.
Con
los padres: Establecer pautas de convivencia, mejorar la modalidad vincular
familiar y aprender el adecuado refuerzo que los padres deben seguir para
producir los cambios esperados. En este punto es de vital importancia
establecer el compromiso de los padres para la participación y continuidad en
el proceso terapéutico, cuidando que el abandono no sea un elemento más que
intensifique el problema de consulta, en especial cuando deben afrontar la
propia conducta agresiva.
El tratamiento no sólo tiene que estar
centrado en la conducta agresiva del niño (terapia infantil individual), sino
también en cambiar el estilo de convivencia y refuerzos recíprocos que
mantienen la agresividad (terapia familiar).
ANÁLISIS FUNCIONAL DE LA AGRESIÓN
INSTRUMENTAL
El análisis funcional permitirá
identificar las variables antecedentes y consecuentes que controlan y mantienen
la conducta agresiva. Si el niño puede describir sus comportamientos
problemáticos e identificar las situaciones provocadoras y las consecuencias
mantenedoras, estará en mejores condiciones de controlar el curso de su
comportamiento, emitiendo otra respuesta frente a la misma condición-estímulo.
Podemos utilizar el autorregistro como una forma de enseñar al niño a llevar a
cabo un análisis funcional de su propio comportamiento, ya que fomenta la
autoobservación y aumenta la conciencia por parte del niño de lo que hace,
cuándo, cómo, dónde y por qué.
Paralelamente al trabajo con la
autoobservación, el terapeuta puede moldear conductas alternativas al
comportamiento agresivo dentro de las sesiones y fomentar su generalización en
otros contextos.
TÉCNICAS QUE PUEDEN SER UTILIZADAS
CON EL NIÑO
·
Moldeamiento
de la conducta: El repertorio alternativo se enseña paso a paso y las
aproximaciones sucesivas a la respuesta final son reforzadas hasta que se establezca
el repertorio deseado.
·
Economía
de fichas: Estipular el valor de una conducta en términos de reforzadores
arbitrarios que serán intercambiados por otros específicos.
·
Coste
de respuesta: Se retiran reforzadores positivos en forma contingente a la
conducta problema, previo acuerdo entre las partes.
·
Tiempo
fuera: Se retira al niño de situaciones de refuerzo (especialmente aquellas que
dan pertenencia a un lugar o grupo) durante un tiempo (5 o 10 minutos).
·
Reestructuración
cognitiva y modificación semántica: Modificar las reglas verbales que puedan
estar formando parte del control del comportamiento agresivo.
·
Entrenamiento
en habilidades sociales.
·
Ensayo
de conducta: Puede ser necesario como una forma de garantizar la generalización
de conductas más complejas al ambiente natural.
·
Autorregulación
de la conducta: Se enseña al niño a controlar la propia conducta aprendiendo a
discriminar los acontecimientos del ambiente que aumentan la probabilidad de que
se comporte agresivamente.
·
Visualización
de la conducta diaria: Calendario semanal en el que se marcarán diariamente y
mediante símbolos arbitrarios el cumplimiento de los objetivos pautados.
·
Contrato
familiar: Los padres y el niño acuerdan nuevas formas de actuar en determinadas
situaciones. El acuerdo se escribe y se firma, entregando una copia a cada uno,
incluyendo el terapeuta.
CON LOS PADRES
·
Refuerzo
diferencial de las alternativas: Los padres de niños agresivos generalmente son
inconsistentes en el refuerzo de conductas apropiadas y terminan reforzando,
sin darse cuenta, lo que exactamente quieren suprimir.
·
Entrenamiento
en el manejo contingente de reforzadores positivos: Emplear de forma
contingente los reforzadores positivos en la vida diaria.
·
Relajación
y ensayos de conducta en la imaginación: Los padres deben prever el mayor
número posible de situaciones problema que puedan llegar a afrontar y entrenar,
junto con el terapeuta, distintas conductas alternativas frente a la agresión
del niño.
CONCLUSIÓN
Este caso resulto ser muy interesante
debido a la etapa de desarrollo en la que se encuentra el paciente, ya que es
una etapa en la que se presentan muchos cambios tanto físicos, psicológicos y
emocionales, los cuales de por sí ya afectan de manera considerable el
comportamiento de cualquier adolescente y si a esto le sumamos un Trastorno
explosivo intermitente, que es con el se diagnostica al paciente, el
tratamiento que se prepare debe de considerar no solo el trastorno sino todos
los factores que intervienen directa o indirectamente como su situación
familiar, escolar y la etapa de desarrollo en la que se encuentra, aunque
pienso que el tratamiento que plantea el profesional que analizó el caso es
adecuado, considero que se debieron aplicar algunas otras estrategias las
cuales involucran más la participación directa de ambos padres en el tratamiento
de su hijo, una de estas estrategias puede ser la de economía de fichas, para
fomentar la disciplina y el cumplimiento de objetivos, otra estrategia sería la
del contrato familiar para generar nuevas formas de interactuar. Entre las
estrategias con las que se trabajaría directamente con los padres serían las de
Refuerzo diferencial de las alternativas y la de Entrenamiento en el manejo
contingente de reforzadores positivo, para hacer consientes a los padres de la
problemática de sus hijos y ayudarlos a lidiar con la agresividad de los
mismos. Finalmente se puede decir que para lograr el éxito en este tipo de
terapias se debe de trabajar en conjunto los profesionales de la psicología y
los padres de familia, así como los profesores de las escuelas.
REFERENCIAS
·
Juan
Manuel Cerdá Tena. S/F. Caso clínico: tratamiento cognitivo-conductual en
conductas de agresividad extrema en el aula. Información Psicológica nº 103
•gener-juny • pàgines 87-98
·
Unidad 3: Principales Trastornos. S/F. Instituto de Estudios
Universitarios. México.
·
MANUAL
DE PSICOLOGÍA CLÍNICA INFANTIL Y DEL ADOLESCENTE (Trastornos generales–
Trastornos específicos). Dirección y coordinación Vicente. Caballo y Miguel
Ángel Simón. Dos volúmenes. Editorial Pirámide 2001, 2002.
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